Número 43

sinafo_alquimia43Veracruz: otra historia de imágenes

En otras ocasiones lo hemos señalado en estas páginas: no podemos
disponer de un panorama amplio, que atienda las intersecciones
culturales sobre nuestra fotografía, si no estudiamos lo que sucede en
las diversas regiones del país, puesto que ya se ha evidenciado que los
autores clave de nuestra historia de las imágenes provienen lo mismo de
Guanajuato que de Yucatán, de Nuevo León, de Puebla o de Jalisco, entre
otros sitios. Eso es lo que hemos ganado en el quehacer histórico:
asumir, dadas las pruebas, que a lo largo del territorio nacional hay
una historia extensa por dar a conocer. Hechos mínimos o relevantes con
los que se reconstruye una memoria. Y con ello dejar en claro que las
distintas regiones, en el complejo aparato cultural que es la
fotografía, también tuvieron sus rasgos distintivos en la hechura de las
imágenes. En ese sentido, hoy le toca el turno a Veracruz. ¿Cómo se dio
el desarrollo fotográfico en esta región que vio llegar por primera vez
la fotografía a México? A esta pregunta quisimos acercarnos en las
presentes páginas.

Para ello contamos con el valioso apoyo de la historiadora Claudia
Negrete Álvarez, investigadora del Instituto de Artes Plásticas de la
Universidad Veracruzana, nuestra editora huésped, y acuciosa impulsora
de este proyecto, quien convocó a todos los colaboradores que aquí
realizan una esencial contribución a la historia veracruzana, lo mismo
desde la microhistoria que desde el rescate de autores y géneros. Son
estos los primeros pasos para una historia mucho más extensa. Una
historia de representaciones y de memoria que Claudia Negrete supo
trazar con nuestros invitados, historiadores también ellos.

El Sistema Nacional de Fototecas y Alquimia quieren externar su
agradecimiento a los coleccionistas privados, así como a las
instituciones y archivos públicos que nos apoyaron en la realización de
este número. A Olivia Domínguez Pérez, directora del Archivo Histórico
del estado de Veracruz; al historiador Francisco Montellano, quien nos
proporcionó diversas imágenes de su acervo compartiendo de manera
generosa las imágenes que ha sabido resguardar; a la Galería Ramón López
Quiroga y a su director, del mismo nombre, quien una vez más nos
permitió el acceso a su colección; al Instituto de Artes Plásticas de la
Universidad de Veracruz y a su director, Manuel González de la Parra,
que nos facilitó el acceso a la Fototeca UV; a la Biblioteca Miguel
Lerdo de Tejada, de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, en
donde se nos permitió el acceso a su fondo hemerográfico; a José Luis
Martínez Suárez, director de la Facultad de Letras de la Universidad
Veracruzana, quien nos acercó a Celia Vázquez que, a su vez, nos dio a
conocer al fotógrafo itinerante Mariano Téllez; a Carlos Villasana y
Raúl Torres quienes, de nueva cuenta, nos facilitaron imágenes de su
colección; a Jorge Sanabria, entusiasta como siempre para colaborar con
nosotros; a Mercurio López Casillas, quien contribuyó con su
conocimiento acerca de las fuentes de la época y, finalmente, a Gustavo
Amézaga Heiras, amigo de esta revista, quien permanentemente se ha
preocupado por nutrir sus páginas con documentos visuales. Con todos
ellos reconstruimos una parte relevante de la historia de las imágenes
en Veracruz.

José Antonio Rodríguez

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